Cartas al Director

December 2019

Señor Director:

Un columnista habitual en los medios puso de moda hace tres años citar un autor, después dos, hasta llegar a cinco en un artículo dirigido al grueso público. Le siguieron, como era de esperar, otros de menor rango, que hasta en las opiniones más sencillas adjuntaban una cita notable. Faltó en esta demostración de erudición fantástica que pusieran pie de página, con las referencias para sostenerse en la competencia. Me imagino una conversación con estos intelectuales, donde hicieran una pausa cada ciertos minutos para citar un libro, y mucho mejor sería si precisan la página junto a la editorial.

Si le creemos a las cifras oficiales, como el Estudio de Comportamiento Lector realizado por el Consejo de la Cultura y el Centro de Microdatos de la Universidad de Chile, un 84 por ciento de los chilenos no comprende adecuadamente lo que lee, tendencia que se acentúa aún más en las personas mayores de 35 años. Parece que la investigación es efectiva, ya que en estos días se ha sabido que un 82,6% de la población no ha leído la Constitución. El resto, su 84%, no comprendería lo que leyó. Por tanto, todas las citas, desde Walter Powell pasando por John Scott, y Manuel Castells quien recientemente nos visitó, más Erving Goffman y Luc Boltanski, que deben ser lectura de cabecera de nuestros políticos; y eso que no he caído en los populares, tales como Pierre Bourdieu, el adorado Lacán, y aquellos que según los columnistas debiesen ser esenciales hasta en las escuelas públicas, como Maurice Halbwachs, Herbert Spencer, Leonard Hobhouse, William Sumner, György Luckács, Alexis de Tocqueville, Bronislaw Malinowski, Ferdinand Tönnies, Karl Mannheim y el imperdible Robert Putnam, para haber entendido en qué estado social y político estamos. O nos falló la comprensión lectora o simplemente no los leímos a todos. No se entiende que académicos de tan alta nota, no pudiesen dar con la clave de lo que sucede en nuestro país.

Todavía no he leído a ninguna de estas plumas notables acercarse a la raíz y menos a la solución del problema. En el libro «Economía para Idiotas» hay una pista para primero medio. Esta se complementa con observar que el mundo cambia a un ritmo vertiginoso, que a esta altura del siglo es una brutal obviedad para muchos. Ahora, definir la rapidez con que lo hace es bastante más complicado, ya que automáticamente surgen dos grandes interrogantes, motivo de varios ensayos. Uno de los pioneros para intentar las mediciones al respecto fue Richard Buckminster Fuller, un arquitecto, inventor y escritor estadounidense que desarrolló la llamada Knowledge Doubling Curve (curva de duplicación del conocimiento) a partir de que graficó cómo el conocimiento de la humanidad se duplica a un ritmo vertiginoso. Así, analizando una serie de variables estableció que, en 1900, la humanidad duplicaba todo su saber cada 100 años; en 1945, cada 25 años y, en 1975, cada 12 años.Hoy, es materia de días.

Cito esto último porque en el caso de un ciudadano que ganaba $100, cayó en el uso de un celular. Imaginemos que se lo regalaron, pero el plan de uso, no. Al poco tiempo, su señora, e hijo, quisieron uno también. Los tres planes, le bajaron el ingreso a $97, por seguir con el ejemplo. El computador (regalado) requería Internet. Y el televisor, un plan de cable. Y las demandas del conocimiento aplicado lo llevaba, conservadoramente en $94. Falta el auto y sus cuotas; que además para circular necesita bencina: obvio, pero hay un permiso de circulación, y un TAG, por un uso expedito de las vías. Ese ciudadano, no fue capaz de leer la realidad, se sustrajo de los efectos del consumo, y hoy despertó. Sus $100 iniciales ya van en casi la mitad, ayudado por varias tarjetas de crédito al tope.

En mi adolescencia recuerdo haber leído «La Obsolescencia Dinámica», que sumado a todos los elementos que nos tienta y exige la modernidad, quiebran los sueldos estáticos, comparados con la renovación del conocimiento. Entonces, todos los movimientos de NO+TAG y subsecuentes son para que alguien (el Estado), se haga carga de las deudas y establezca un perdonazo, pero permanente. Ese es el cambio de modelo, en simple. Ahora, le toca a usted sacar las conclusiones del futuro cercano, si es que ha llegado hasta esta parte del artículo, y doy por sentado que, contra todos los estudios, comprendió más del 50% de lo aquí expuesto.


Hernán Precht Bañados